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ECONOMÍA, FINANZAS PÚBLICAS, GOBIERNO, Uncategorized

Las modernización de la política económica mexicana

Por César Ceballos Huicab y Luis Trinidad Baños

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No es sino hasta la relativa estabilidad política tras el Maximato que es posible identificar las tendencias ideológicas de la economía mexicana, sin duda influenciada por los sucesos y tendencias mundiales. La política -electoral- y la economía se desarrollaban de la mano en búsqueda del respaldo de las clases populares, beneficiando en ciertos momentos a la libre empresa pero perjudicándola en otros. Así, la economía mexicana evolucionó del populismo cardenista al neoliberalismo salinista, encontrándose ahora apartada de los subsidios, las nacionalizaciones y los precios controlados.

Los regímenes posrevolucionarios sirvieron para la estabilización de los métodos de producción y el ordenamiento del trabajo. Ampliamente influenciados por el caudillismo y ante el desorden y falta de producción originada en las haciendas, la tarea se centró en el reparto agrario, sin haber impulsado la industria. Ésta sólo puede desarrollarse con la coyuntura que plantea el surgimiento de la Segunda Guerra Mundial y el periodo de reconstrucción europea. De esta forma, toda producción de materia prima encontraba salida, mientras que el fordismo norteamericano benefició la economía mexicana con la entrada de las factorías (Rionda, 2009). A pesar de la entrada de industria con la inversión extranjera, la nacionalización de los procesos productivos del petróleo cuestionó la ideología económica nacional; siendo la solución inmediata a un problema que el Estado no había podido manejar desde hacía más de una década.

Entanto, con una economía semicerrada, el país logró mantener un crecimiento sostenible y rápido mediante alta tasa de inversión y equilibrio fiscal (Bazdresch, 1992). Este crecimiento había permitido mantener las políticas populistas sin problemas financieros. Las causas del tal crecimiento eran básicamente por la ausencia de industria mexicana, el escaso aprovechamiento de los recursos naturales, incluyendo el auge petrolero (Solís, 2009), y la abundante mano de obra (Bazdresch, 1992), vinculado a la alta demanda de productos durante el proceso de reconstrucción. El boom poblacional fue consecuencia de este periodo. Tal crecimiento no preocupó al gobierno por cuestionar la eficiencia del aparato económico. Pero al estabilizarse la producción con los recursos disponibles, el crecimiento no pudo sostenerse y el sistema colapsó, dejando un ineficiente sistema de jubilaciones, gran mano de obra desempleada, un gasto gubernamental risible y grandes expectativas.

Para 1976, los problemas por la mala administración de la banca estatizada (falta de liquidez y certidumbre) desembocaron en su privatización, los años subsecuentes el gobierno mexicano tomó estrictas medidas neoliberales, mismas que pronto acecharían la región latinoamericana debido a la influencia Reagan-Thatcher.

Con la crisis de 1994,el llamado “error de diciembre”, la fuga de capitales se intensificó a tal grado que se tuvieron que reestructurar las políticas económicas; tras la devaluación del peso mexicano hubo incluso pérdidas políticas que derivaron en la transición del poder federal. Los gobiernos del nuevo siglo no se desviaron significativamente de la línea en materia económica, pero sí permitieron una mayor competencia en distintos sectores, lo que produjo mayor atracción de inversionistas y un flujo cada vez más creciente de capitales extranjeros.

A pesar de temas pendientes como la pobreza y distribución de la riqueza, el pronóstico de la economía mexicana es alentador. Junto a perspectivas positivas de las calificadoras, los reportes consideran a México con mejores facilidades para los negocios y la sitúan como la 14ª economía más grande (Reyes, 2013), por encima de Sudáfrica y Brasil, con un crecimiento bastante dinámico (Cruz, 2013). La expectativa de crecimiento se ubica en 2.8% para 2013 y 4% para 2014, y aunque no se acercan al ansiado 6%, el boom demográfico y las reformas que están gestándose, especialmente en materia fiscal, educativa, de telecomunicaciones y energía, incrementan la posibilidad de crecimiento (El financiero, 2013).

Anteriormente la mentalidad económica obedecía a propagandismo electoral y a la coyuntura internacional, nunca previendo el futuro, dejando regirse por las circunstancias del momento. Los retos del nuevo Gobierno de la República implican básicamente adaptarse a la modernidad, prever el futuro y seguir con la misma postura ideológica de fomentar la competitividad y la empresa; al mismo tiempo de disminuir la dependencia al norte y al petróleo. La política económica debe ser estable, pues las decisiones atraen o repelen a los inversionistas. La estabilidad económica, demostrada con la firmeza bancaria y buenas reseñas de las calificadoras, son siempre factores de consulta para las grandes empresas.

 

 

Referencias

Bazdresch, C. (1992). Economía Mexicana. Ciudad de México: Nueva época.

Cruz, Juan. (2013). Destaca OCDE crecimiento de la economía mexicana. Proceso. Recuperado el 16 de Abril de: http://www.proceso.com.mx/?p=33619

El Financiero. (2013). BofAML eleva pronósticos de crecimiento para economía mexicana. El financiero. Recuperado el 16 de Abril de http://www.elfinanciero.com.mx/component/content/article/44-economia/9917-bofaml-eleva-pronosticos-de-crecimiento-para-economia-mexicana.html

El Financiero. (2013).  Con reformas, economía mexicana crecería al 6%: IMEF.  El Financiero. Recuperado el 16 de Abril de: http://www.elfinanciero.com.mx/component/content/article/44-economia/8390-con-reformas-la-economia-mexicana-creceria-a-tasas-de-6-imef.html

Reyes, Juan. (2013). La economía mexicana ¿hacia el despegue?. El Universal. Recuperado el 16 de Abril de:  http://www.eluniversal.com.mx/finanzas/100867.html

Rionda, J. (2009). Historia de la Modernidad en México, siglos XIX-XX. Guanajuato: Universidad de Guanajuato.Rionda, J. (2012, Junio 12). Estados Unidos de América y la crisis del Fordismo: trascendencia para México. Tecsistecatl, 4.

Solís, I. (2009). Industrialización por sustitución de importaciones en México, 1940-1982. Tiempo Económico, 61-72.

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